31 de enero de 2012

"Deja que fluya"

La circunstancia nos envuelve.
Ante tal afirmación -completamente cierta- uno solo puede hacer dos cosas.
Dejarse llevar o llevar la contraria. 
¿No?
No sé...





 No hay un solo tipo de persona para cada circunstancia, pero hay un enorme grupo de personas circunstanciales. Circunstanciales a secas.
 Normalmente estas personas, que dicen llamarse de primero Carpe y de segundo, Diem; las que piensan que sólo se es joven una vez, son las que pueden ser jóvenes durante toda la vida.
 Esto es, o bien porque es la única forma que aceptan para afrontar la vil existencia de la que se tienen que hacer cargo, o bien porque nunca llegarán a cumplir los treinta.  
 Por su bien, por vuestro bien, por el mío y por el de mi propia salud mental, confío plenamente en que la mayoría de los casos el resultado se resuma a la primera opción. La más Disney de todas. 
 Y a pesar de que no sé si al final siempre se comen perdices o no, ni si nosotros lo haremos algún día, lo que sí está claro es que conoceremos a bastante gente a lo largo de nuestra vida a la que comer perdices le importe francamente una mierda. Y que lo único que les interese sea tener algo en el plato, perdiz o no perdiz, cada día a la hora del rancho. Conoceremos a un montón de diablos, que, gracias a Dios, intentarán hacernos espabilar. O eso espero.

 Por lo general, estos individuos son gente muy interesante, con vidas que pasan de la mendicidad al éxtasis en menos que canta un gallo. Aunque si sus gallos son como yo, de cantar sólo en la ducha, antes de adoptarlos deberían asegurarse de que sean bichos aseados, de lavarse todos los días. Si no, van jodidos.
 Y si no fuese así, supongo que también puede haber mendigos extasiados... ¿No? ¿No? ¡¿NO?! 
 No sé...
 El Carpe Diem está muy bien. No lo niego. A todo el mundo le gusta ser diablo de vez en cuando. Siempre hace más calor en el infierno que en cualquier otra parte, y eso está muy bien cuando la mendicidad aprieta. La brisa de la prisa huele a endorfinas y embriaguez. Pero... si gastas toda tu felicidad hoy, sin guardar una poca para mañana, cigarra inconsciente ¿cuántos préstamos vas a tener que pedir cuando se te acabe, para poder drogar a tus vacas flacas? El recuerdo alimenta a las almas, no a los cuerpos. Y no es tu alma la que te sostiene en pie. ¿O sí, diablo? Dios... No sé. 
 Me imagino a todos ellos sentados en un corral, cual estación de tren se tratase, preguntándose unos a otros ¿Sabes cuánto falta para que cante el siguiente gallo?
 Qué lástima... Qué envidia.

 Hay una voz en mí, que dice que lo mejor que se puede hacer es dejar todo fluya. Podría ser la voz de quien alimenta a los gallos. Podría ser la misma puerta del gallinero. El mismo Carpe Diem. No sé...
 Tiene un fluir que me pone nerviosa algunas veces; muy nerviosa, el resto; y otras tantas, lo veo tan cierto como que la hierba es verde. 
 Comprenderlo es inevitable, compartirlo, opcional, tentador y complicado. Porque si fluyes, te escurres, y no sabes cuándo habrá algo que te pare en tu viaje, río abajo. Y si la balsa  hace aguas, en algún momento del trayecto habrá que nadar. Y si no hago pie, me pongo nerviosa. 
 Me ahogaría hasta en un dedal de agua si no fuese por mi parte diabólica -si es que sigue viva-.Y porque siempre procuro que alguien me agarre con alfileres a las cosas antes de meterme en la vida. Aunque me den un miedo terrorífico las agujas, necesito que alguien me clave un plan y no desasirme de él hasta haberlo concluido, porque si me caigo de esa balsa estoy perdida.

 A lo mejor hay una parte de la vida apartada con una hilera de boyas, como las zonas de la piscina reservadas a los cursillos de natación. Apartada, como el Mar Rojo abierto en dos. No sé... 
 A lo mejor, la gente que vive al otro lado, apartado de la corriente, respira, habla, siente frío y calor, pero no ha aprendido nunca a vivir del todo. ¿No?
 No sé... ¡Mi alma, diablo! ¡Mi alma por algo a lo que atenerme!
 A lo mejor deberíamos ser más Carpe Diem. Hacerle caso más a menudo a esa voz y meternos donde cubre. Sin balsa. A pelo. Donde el ruido de las olas ahoguen el sonido de los gallos y el miedo no se atreva a nadar.
 Dejar que todo fluya un poco más y ser jóvenes toda la vida, signifique lo que signifique. 
 Y perdernos cuanto antes en el Mundo, pero que el Mundo no nos pierda demasiado pronto a nosotros. 
 De otra forma, la vida sería demasiado injusta, ¿no? No sé...

21 de enero de 2012

Histerias para adultos

Creíamos que no podía ser, pero volvemos a las andadas.
Pensamos que te habíamos cortado las piernas, pasado. Pero no. Has vuelto arrastrándote, viejo amigo.
Ya no fabrican hachas como Dios manda.
Ha llegado el afilador. 





Esta historia está basada en histerias reales. Si cogemos la histeria y la desnudamos, veremos un pedazo de historia. Un trozo amorfo de tiempo lleno de celulitis y sin depilar. 
Realmente decadente, lo sé. Pero ¿qué íbamos a hacer nosotros? No teníamos tiempo para arreglarla. Ni tiempo, ni ganas. Además, hay cosas que no tienen arreglo. Que aunque la mona se vista de seda...
Desde luego, no se cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que alguien le metió mano a mi historia. O cuándo fue la última vez que lo hizo para adecentarla, y no para pegarle mocos debajo. ¿No es como para ponerse histérico? Los mocos se quitan como el culo. Así que si vienes con otro, te van a dar por el ídem, y un abrazo. Y luego te vas a vestir de seda a la mona de tu madre.
Por otra parte, la decadencia nos adora y nosotros a ella. ¿Por qué negar la evidencia, si ahora lo que está de moda es ser decadente? Durante un tiempo lo olvidamos, pero ahora ha vuelto a invadirnos. Y ojalá me hubiera pillado con la histeria en pelotas. Pero no es así. Después del último giro indeseado le compré unas bragas de cuello vuelto. Y ahora nos encontramos en el punto en el que o demostramos un poco de histeria, o esta historia se va al carajo. 
Pero creo firmemente que es demasiado pronto para fracasar. Todavía podemos hacer algo. 
Todavía podemos desnudarla con delicadeza; sacarle brillo con las manos, con paciencia y esmero, pero desasiéndole hasta del último botón como si el mundo se fuese a terminar mañana. Como si fuese la primera vez, y también la última.
Sin piedad. Pero tampoco miedo de lo que pueda traer pegado después de dejarla ir, que no hay nada que no pueda ser arrancado. Y si no tuviésemos la fuerza suficiente para ello, todo lo termina erosionando el tiempo. 
Es cierto que el trabajo de limpiar la mierda que mi histeria trae a esta historia es una verdadera basura.  Y odio tener que hacer de tripas corazón. Tengo un corazón demasiado escrupuloso. Pero sin histeria, no hay historia. Y para eso no hay escrúpulos que valgan.
Por eso he decidido hacerlo. Desnudar mi histeria y dejar las ventanas abiertas entre parpadeo y parpadeo, para que huya cuando no le esté mirando. Y guardar mis miedos en una caja fuerte con puerta giratoria.

Es demasiado pronto para fracasar. 





11 de enero de 2012

No esta noche

Después de que el reloj de cuco del vecino haya dado la media noche y las Cenicientas de hoy vuelvan a casa, el mundo se vuelve silencioso. 
El silencio es el rock duro de las mentes tormentosas y los adictos a la lluvia. 
Me estoy quitando.
Bibidi, babidi
BU




Cualquier otra noche habría sido una Cenicienta. Pero no una de las originales. No. No hay dinero para tanto...
Una Cenicienta cualquiera. Cualquier otra noche. Pero no esta noche. 
Habría sido una de imitación, de esas que se niegan a volver a casa o que, al querer volver, se pierden por el camino.-Yo me pierdo de miedo. Es terrorífico... 
Cualquier otra noche me habría pintado un hola en la cara y me habría ido sin decir ni adiós. Pero no esta noche. Esta noche no soy otra de esas Cenicientas de incógnito y sin magia, que llegan tarde a las fiestas y cierran bares vestidas de calle con zapatos Made in China. Así que no nos veremos. No nos perderemos juntos. No esta noche. 
No, porque se abre la temporada de jugar al escondite. Nos han soltado en la jungla de Enero sin darnos la bienvenida. No hay ni diversión ni juegos, solo papeles y calculadoras. 
Por eso hoy la cerveza se ha travestido y me ha pedido que le llame café. Y yo me he pedido otro. 
Me tomo el último trago a vuestra salud, Cenicientas de hoy. Esperadme el mes que viene. 
Por lo pronto, esta noche, aunque el reloj ya haya tocado y lleve demasiadas horas vagando por el silencio nocturno sin moverme de mi voz, todavía llevo puestos los zapatos y aún no me duelen demasiado los pies después de haber bailado bajo mi lluvia el rock duro de las mentes tormentosas. 
No debí haberlo hecho. Ahora estoy eléctrica y calada hasta los huesos. Calada. Calada y calzada. Todavía...
Tan calada y tan calzada, que no se si eso me convierte en una Cenicienta con pegamento en los calcetines o en la hermanastra fea. Yo que se... 

Buenas noches y buena suerte, estudiantes del mundo y demás mentes tormentosas.





2 de enero de 2012

Lo recogió del suelo y se lo llevó a la boca

Venimos al mundo con hielo en la piel y el alma ardiendo.
Nacemos y lloramos. Cómo no vamos a llorar... Si tenemos por delante toda una vida de búsqueda.
Una existencia de rastreo de algo que derrita el hielo y termine de fundirnos por completo sin apagarnos el alma.
De caer de brasero en brasero, de mano en mano, de boca en boca. De cama en cama.






Correr mucho y muy lejos es lo único que podemos hacer para liberar el alma y que siga ardiendo sin quemarnos. Hay que lanzarla a la superficie, como una cometa, cuando se alcanza la suficiente velocidad. Dejar que vuele para encuentre los primeros rayos del sol, se alíe con ellos y nos los baje. Pero siempre pendida de un hilo, para que no se fugue con ellos y nos deje en la estacada. Para que encuentre el camino de vuelta desde el laberinto del cielo.
Yo no corro mucho, y no sé cuánto más allá hay que ir para poder decir que se está muy lejos. De todas formas, me aventuré y lancé la mía hace tiempo para que no se quedase a ver el desastre. Para que encontrase mis rayos de sol. Pero me traicionó. Se desasió de mis hilos. Se perdió aposta.
Creímos que había muerto hasta que volvió hace unos días. Herida. Tropezó con un trozo de tormenta y se hizo lluvia. Me trajo tres rayos de tormenta por medio rayo de sol. Ahora todo es charco y estamos plagados de ranas. 
Estamos jodidos, de vuelta al brasero, sin nada en las manos, la boca cerrada y la cama vacía. 
Pero en boca cerrada, no entran moscas. 
En cama vacía, no entran ranas.