31 de diciembre de 2011

"Que es un soplo la vida"

Creo firmemente en la capacidad que tienen las piedras para mantenernos en el mundo real. Es necesario llevar un par de ellas en el bolsillo para conservar el cuerpo unido la tierra, por si acaso, mientras vuela la mente, nos entran ganas de volarnos también la cabeza.
Por si acaso. Porque se puede vivir sin mente, pero es imposible vivir sin cabeza.
 



Acabamos de empezar este año y las piedras se me escapan del bolsillo. Son pequeños Houdinis de una caja de Pandora que huele a cubo de basura. Necesito volver a meterlas ahí. Y encontrar alguna nueva, que poder llevarme puesta para volver a hacer pie.
Tiré lo que no me servía. En especial, todas las páginas que arranqué de mi libro del año pasado. Las que no merecía la pena seguir leyendo. Y ahora que hemos empezado uno nuevo, solo espero que en él haya suficientes capítulos que merezcan ser salvados.
Me gustaría que el tomo de este año no formase parte de una saga. Pero me temo que eso no será imposible. Que arrastraremos todo lo que hemos estado escribiendo hasta el momento. Y mira que antes escribíamos mal...
Por eso creo que este año necesitaré un par de piedras más que meterme en el bolsillo. Pero necesito que alguien me las de en la mano o me las meta ahí directamente. Últimamente ando bastante patosa.

Feliz novela nueva


28 de diciembre de 2011

In my secret life

Mamá y papá me compraron un revólver. No querían que fuese una de esas chicas que hacen muescas en el cabecero de su cama. 
Tenían miedo de que me astillase al hacerlas ahí. De que no fuese capaz de sacarme después las astillas. Así que decidieron darme un lugar nuevo para marcarlas. Un lugar seguro.
Todas las niñas querían ser Barbie. Mamá decidió que yo quería ser Clint Eastwood.


Desde entonces, llevo el revólver conmigo; aunque duerma sola y con todas las balas intactas. Es más fácil meter un revólver en el bolso que un hombre en tu cama. E infinitamente más seguro, aunque no sepas disparar. Porque, en ambos casos hay algo que arde como la pólvora, y es difícil afirmar qué causa más dolor. El plástico de las Barbies se funde con demasiada facilidad. ¿Os ha contratado ya Mattel?
Yo me evaporo, ebullo, y me abraso... con brasas que, procuro, merezcan la pena. Y no me fundo más que el dinero. Pero si me das un beso, te regalo un revólver. Porque, no soy Barbie, pero tampoco soy Clint. Y me las he ingeniado para astillarme sin casi tocar el cabecero... en mi vida secreta.




27 de diciembre de 2011

Los capullos regalan flores


- Lo que tú y yo vamos a hacer no se puede llamar hacer el amor. Sería una falta de respeto.
- ¿Una falta de respeto?
- Si.
- ¿A quién?
-Al amor.




Tiene que quedar un poco de romanticismo en alguna parte.
En alguna parte. Aunque solo sea durante el primer segundo de la apertura de las flores en primavera. En alguna parte...
Espero realmente que a algunos capullos les duela terriblemente al florecer. Que acto seguido se los coman los cerdos y los conviertan en mierda. Que sirvan de abono a las margaritas de hojas impares. Que la primavera nunca se marchite después de haber acabado con ellos.
Y espero, también, que nunca me regalen flores. Porque no hay ninguna flor que no haya sido nunca antes capullo, y les cuesta desmasiado conjugar el presente y el futuro, con semejante pasado.
Las flores no duran para siempre, pero los capullos son increíblemente longevos.

24 de diciembre de 2011

I'm Bells. Jingle Bells.

La Nochebuena es la celebración cristiana del nacimiento de Jesús, que tiene lugar el 24 de Diciembre, víspera de Navidad. Se considera ya como una fiesta de carácter cultural, ya que numerosas familias ateas también lo celebran. Sólo los testigos de Jehová son la excepción, ya que no la celebran por considerarla de carácter pagano.
Ya sabéis, somos unos malditos paganos.
 ¿No es genial?



Somos unos posesos navideños. Además de paganos, posesos. Necesitamos que nos digan cuándo y cómo debemos ser felices.
Las luces de navidad son la señal lumínica de que debemos encender nuestros corazones y apagar los odios. Apagar los odios, apagar la ira... Apagar. Pero sobre todo, pagar. Pagar mucho.
No nos engañemos, me gusta la navidad. Me gusta, pero a la misa del gallo que vaya el tío Perico, que para eso es su homilía. Y si eso es ser hipócrita -que tengo conciencia de que lo es- ya tengo otro adjetivo más para estas fiestas. Y con este ya van tres.
Estoy segura de que los dulces de navidad contienen un porcentaje de éxtasis. Tanta felicidad concentrada en un solo punto del año es antinatural. Para seguir el ritmo a los que ya llevan poniéndose tibios a peladillas desde Noviembre, no queda otra que ponerse hasta el culo de turrones y mazapanes. Total... Como sigan subiendo, al final será más barato comprar éxtasis con turrón que turrón con éxtasis.
Por mi parte intento ser sana y mantenerme feliz durante todo el año sin ayuda de las drogas. Y, llegado el momento, intento no caer en las redes de la Navidad. Pero no suelo conseguirlo.
Creo que este año tampoco voy a luchar contra la evidencia. Me dejaré arrastrar por el río, mientras beben los peces. Y de paso tomaré un par de copas yo también. Pero a mi salud. Lo siento, niño Jesús.

Feliz colesterol y próspero infarto nuevo.

23 de diciembre de 2011

Si yo no fui, entonces ¿quién?

Hoy es víspera de nochebuena. En la calle hace un frío de mil demonios. De mil ratones.
Un frío del carajo, grajo.


 
No recuerdo si hace un año hacía un frío de mil demonios. Puede que solo la mitad. Puede que  sea porque hace un año solo fuese la mitad de demonio que ahora, y ni la mitad de ratón. Yo qué se... A veces uno está tan ocupado intentando echarle la culpa a alguien que pierde la noción del tiempo, y del peso de uno mismo.
Por suerte, el tiempo pasa tan rápido que termina por eliminar culpables e invalidar la capacidad de pensar en nada que no sea la propia supervivencia al tic-tac y de no caer del segundero a abajo. Esto es algo positivo hasta el momento en que te caen a plomo X kg de "Yo" encima, señal de que hay que volver a estancarse. Hay que encontrar un nuevo inocente al que culpabilizar.
¿Cómo? Es la pregunta. De repente estamos aquí, en medio de ninguna parte, aplastados por nuestro propio ego, esperando a que alguien nos levante de encima de nosotros mismos y nos ponga a caminar. ¿Cómo? Estamos esperando, porque creo que en el fondo, no sabemos cómo hacerlo solos. Y los que dicen saber, o mienten, o se mienten.
Sí, mienten. Mienten, porque somos terriblemente vagos -es mejor pensar en que somos vagos a pensar que somos unos completos inútiles- sin excepción. Y para dispensar la culpa, hemos inventado fuerzas superiores que nos alivien la conciencia de nuestro ser perezoso. Porque la mejor manera de disculparse, es culpar a otro.
En este caso, lo dejamos todo al azar, esperando a que sea otro quien nos encuentre y nos levante, pensando que es mejor así, porque, hablando en plata ¿no somos, en verdad unos tremendos inútiles? Y creemos en el Karma, en el destino, en Dios. Es más cómodo pensar que toda actuación está medida por un titiritero que nos lleva y nos trae como le da la gana.
En caso de que esto sea cierto, y exista tal titiritero, el mío es manco, estoy segura. Y apostaría una de las mías a que la única mano de la que dispone es la izquierda.
Por otra parte, prefiero al manco por obligación que al manco por placer. Ya que también otros titiriteros solo disponen de la mano izquierda, pero solamente porque la derecha la tienen ocupada agarrando otras cosas que no son los hilos. Esos dan las vidas más divertidas, pero también las más inestables.
Prefiero al manco. Pero eso no impide que toda la culpa sea suya.
En cualquier caso, creo que debería matarlo, tomar mis hilos y al carajo, grajo.
Cuando sea una asesina, me entregaré y me declararé culpable. Iré a la cárcel, pero seré libre.

21 de diciembre de 2011

¿Volver a qué casa?

Volver a casa por Navidad. Nunca comprendí el significado de esa canción hasta hace poco.
Ahora lo que no comprendo demasiado bien es el concepto "volver a casa". Salimos de Guatemala y nos metemos en Guatepeor.



Llega un punto en la vida de un estudiante universitario, estudiante no universitario, o no estudiante pero sí universitario, en el que uno ya no sabe a dónde pertenece. Hay un vacío entre el "de dónde venimos" y el "a dónde vamos". Falta un presente. Un "dónde estamos ahora". Precisamente lo que nos compete a nosotros, que nos hemos estancado en la fase del Carpe Diem desde que nos levantaron el toque de queda los fines de semana.
Es complicado. No se siente uno del destino en el que está asentado durante la etapa lectiva, pero volver a casa durante periodos vacacionales descoloca bastante. ¿Me voy de vacaciones a casa? Las vacaciones son fuera de casa, o eso me comentaban cuando era pequeña. ¿O es que también nos mintieron en eso, como con lo de la cigüeña?
Ahora, que tenemos playa durante el curso y las calles de La Ratonera durante el verano, ¿a qué nos atenemos? Creo que, al menos en mi caso, lo más correcto es pensar que no soy de ningún sitio.
Todo esto me lleva a concluir que soy de autobús. Mi cuerpo y mi alma pertenece al Consorcio de Transportes.
Me dieron las llaves de mi nuevo hogar cuando el ratón pródigo, antes conocido como "Yo", se metamorfoseó y voló del nido el año pasado -con unas alas de Ícaro la hostia de malas, por cierto; pero no importa, en el norte el sol no luce demasiado, o al menos no demasiado fuerte- y ese fue el inicio de una turbulenta amistad. 
Después de un año y unos cuantos meses, el traqueteo de las ruedas ha pasado a convertirse en un sonido tan hogareño como el del taladro de los vecinos el domingo por la mañana. Y soy capaz de introducir el descanso de horas, en un sueño de veinte minutos de trayecto. Si los grandes fabricantes de productos de descanso tuviesen iniciativa, verían un nicho de mercado clarísimo de servicios "sestivo-festivos" en versión nómada y posición vertical. Solo es cuestión de una buena campaña de marketing.
Porque si ya comemos y bebemos, dormimos, estudiamos, y con las nuevas tecnologías móviles somos capaces de conocer todo lo que pasa en el mundo exterior desde dentro del autobús... ¿Queda alguna duda?
Si pasamos tanto tiempo dentro de los ellos cumpliendo solamente una parte de nuestras funciones vitales, estoy casi convencida de que si pudiésemos ducharnos y hacer el amor dentro, no necesitaríamos salir a completar nuestras vidas. Ahorraríamos la hostia de dinero en paraguas, abrigos, zapatos... Pero olvidaos de la musculatura de las piernas y el frescor de la brisa en la cara.
Iríamos de vacaciones al mundo exterior.
Pero a pesar de las circunstancias evidentes, de momento, creo que prefiero irme de vacaciones a mi casa. Salir del autobús tan pronto como me sea posible y volver a La Ratonera por Navidad.

Feliz condicional.


20 de diciembre de 2011

Azul

Todos los críos tienen grandes planes para el futuro. En todas las versiones de futuro que he conocido a lo largo de mi vida de niña, y de no tan niña, la gloria parecía una meta tan segura como que el cielo es azul. Ahora comprendo que el cielo es verde. Verde azulado. Y después de días como el de hoy, lo veo más claro todavía.

Supongo que yo fui otra niña sin perspectiva. Una niña azul que por no ver, no veía más allá de sus narices. Aunque, en mi favor, he de decir que si lo hubiese conseguido habría sido digno de admirar, dado que las dimensiones de  mi prominencia nasal combinadas con la miopía de topo que me atormenta desde que tengo uso de razón, complican bastante esa tarea.
Para compensar los años de ilusa inocencia, el conformismo ha intentado atracarme día sí y día también desde hace unos años. Desde que sabe dónde vivo viene cada poco, por si he conseguido almacenar esperanzas nuevas.
Porque, veréis, el conformismo es algo que nos asalta con la edad, como la menstruación, pero de manera constante y sin distinción sexual. El primer día que vi al mío, se llevó mis acuarelas y todas las historias que quería escribirle al mundo, sin decirme ni hola.
El muy hijo de puta... Me dejó en bragas y con un montón de cosas que nunca había pedido. En los títulos de crédito de mi gloria nunca planeé la aparición de mi actual calculadora Casio, ni de los bolígrafos Bic que he tenido que desangrar para garantizarme la supervivencia, ni la preocupante cantidad de gilipollas que habitan mis días de edad semi-adulta.
He decidido que tendré que darles forma y trabajar con ellos hasta convertirlos en actores dignos de un Oscar. Aunque, francamente, ni siquiera yo pagaría para ver esa película...

Lo que nadie sabe, y nunca nadie debe saber, es que he guardado un pincel pequeño y la pastilla de acuarela azul, para poder pintar el cielo de un color más cierto, como la gloria infantil. Aunque mientras lo hago me cubra con la tapa de una calculadora Casio, para que no puedan verme.
Y que cuando haya terminado de pintarlo, huiré. Me iré lejos, donde el conformismo nunca pueda encontrarme.

Somos pocos, esperemos que para la abuela.



Hola. Soy Yo. Yo a secas. Tú, para los amigos. Encantada de conoceros, vosotros. 




Gracias por abrir mi puerta y entrar en Desaforos, el único lugar que poseo con localidades suficientes para todo el que quiera pasar. Tengo que comprar un felpudo y tal... Esto está muy desangelado, lo siento. El servidor me trae por donde quiere, pero encontraré la manera de ser yo la que lleve los pantalones en todo esto. 
No soy muy buena anfitriona, por eso nunca cierro la puerta con llave cuando tengo visita. Si alguien se siente suficientemente valiente y descortés como para abandonarme en medio de una visita, puede irse. Aquí no hay aforo máximo, pero sí derecho de admisión. O lo habría si no estuviese tan sola jaja. 
No creo que pueda ofreceros nada que nadie haya contado ya. Es una pena pero, aunque la imaginación humana es grande, no nos engañemos, todo tiene un límite. Si no, que se lo digan a mi cuenta corriente...
Y como las presentaciones están tan sobadas, y no se me dan nada, pero nada bien las primeras impresiones, solo me queda decir que si queréis entrar, paséis, pero cerrad la puerta, que se escapa el gato, coño.