21 de enero de 2012

Histerias para adultos

Creíamos que no podía ser, pero volvemos a las andadas.
Pensamos que te habíamos cortado las piernas, pasado. Pero no. Has vuelto arrastrándote, viejo amigo.
Ya no fabrican hachas como Dios manda.
Ha llegado el afilador. 





Esta historia está basada en histerias reales. Si cogemos la histeria y la desnudamos, veremos un pedazo de historia. Un trozo amorfo de tiempo lleno de celulitis y sin depilar. 
Realmente decadente, lo sé. Pero ¿qué íbamos a hacer nosotros? No teníamos tiempo para arreglarla. Ni tiempo, ni ganas. Además, hay cosas que no tienen arreglo. Que aunque la mona se vista de seda...
Desde luego, no se cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que alguien le metió mano a mi historia. O cuándo fue la última vez que lo hizo para adecentarla, y no para pegarle mocos debajo. ¿No es como para ponerse histérico? Los mocos se quitan como el culo. Así que si vienes con otro, te van a dar por el ídem, y un abrazo. Y luego te vas a vestir de seda a la mona de tu madre.
Por otra parte, la decadencia nos adora y nosotros a ella. ¿Por qué negar la evidencia, si ahora lo que está de moda es ser decadente? Durante un tiempo lo olvidamos, pero ahora ha vuelto a invadirnos. Y ojalá me hubiera pillado con la histeria en pelotas. Pero no es así. Después del último giro indeseado le compré unas bragas de cuello vuelto. Y ahora nos encontramos en el punto en el que o demostramos un poco de histeria, o esta historia se va al carajo. 
Pero creo firmemente que es demasiado pronto para fracasar. Todavía podemos hacer algo. 
Todavía podemos desnudarla con delicadeza; sacarle brillo con las manos, con paciencia y esmero, pero desasiéndole hasta del último botón como si el mundo se fuese a terminar mañana. Como si fuese la primera vez, y también la última.
Sin piedad. Pero tampoco miedo de lo que pueda traer pegado después de dejarla ir, que no hay nada que no pueda ser arrancado. Y si no tuviésemos la fuerza suficiente para ello, todo lo termina erosionando el tiempo. 
Es cierto que el trabajo de limpiar la mierda que mi histeria trae a esta historia es una verdadera basura.  Y odio tener que hacer de tripas corazón. Tengo un corazón demasiado escrupuloso. Pero sin histeria, no hay historia. Y para eso no hay escrúpulos que valgan.
Por eso he decidido hacerlo. Desnudar mi histeria y dejar las ventanas abiertas entre parpadeo y parpadeo, para que huya cuando no le esté mirando. Y guardar mis miedos en una caja fuerte con puerta giratoria.

Es demasiado pronto para fracasar. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario