25 de febrero de 2012

Cómo convertirse en un auténtico imbécil. Nociones básicas para el tipo de a pie.


Señor usuario, la editorial se congratula en presentarle este tutorial, que le ayudará a convertirse en aquello que siempre deseó.
Al alcance de su mano, nunca de su cerebro.



Bien, como norma básica para empezar, debe encontrar algo que le haga sentirse completamente orgulloso y pagado de usted mismo. Puede ser la más ridícula de las chorradas; no importa el qué, solo debe preocuparse por sentirse superior por ello. Sea todo lo presuntuoso que pueda. Tenga en cuenta que no hay mejor imbécil que aquel que se cree brillante.

Tras haber elaborado su autoconfianza intente conseguir un grupo de borregos que le siga a todas partes. No será una tarea fácil. Pero una vez que se haga con un buen rebaño todo irá sobre ruedas. Sobre todo, recuerde que sus adeptos deben ser fieles y completamente dúctiles. De esta manera, podrá usted moldearlos a su imagen y semejanza.

Una vez acabado esto, esté seguro de no alejarse nunca  del burladero. Disfrute de la protección que le ofrecerá el sentimiento de superioridad recién adquirido, mientras mira por encima del hombro a aquellos a los que, con el tiempo, aprenderá a arrojar al suelo, cual cuco. Regodéese en su egocentrismo.
Si es usted mujer, maquillarse como una puerta, vestir de manera exagerada los días no festivos y actuar como un objeto le sumará puntos y conseguirá un nivel de estupidez reforzado. 
Si, por el contrario, usted es un varón, asegúrese de poner de manifiesto su hombría cada vez que se le dé la oportunidad; y si no se le da, hágalo de todas formas. Sea machista, ruidoso y desconsiderado.

En cuanto al atuendo, la ropa de marca no es necesaria si pone en práctica el contoneo adecuado. Refiriéndose a las mujeres: pronunciamiento exagerado de pecho y trasero al tiempo que inmola sus caderas con todo el peso de su cuerpo, derecha e izquierda según corresponda, hasta llevarlas al borde del descoyuntamiento. En el caso de los hombres: idéntica pronunciación del torso, acompañada de rigidez de los hombros y escasa movilidad de brazos. Para los más egocéntricos, se recomienda la Postura del Estreñido, véase: estado de tensión corporal, producida por la ejecución de fuerza muscular; que tiene como objeto la exposición de unos músculos que requieren el aumento de las horas de gimnasio, en detrimento de la capacidad neuronal.

Si usted es principiante y aún no maneja el contoneo, procure enmascarar su carencia con la ropa más cara que pueda encontrar; y recuerde que mientras su atuendo esté compuesto totalmente por trapitos de firma, el daltonismo está completamente permitido. Tenga siempre presente la regla de oro de la persona “cul”: “Importa el qué, el cómo es algo totalmente secundario”. Esta regla es aplicable tanto a mujeres como a hombres; los cuales, además, podrán coronar su atuendo con la prenda masculina por excelencia, la gorra, complemento ideal e imprescindible en la lista de regalos navideña de este año, que le privará de la obligación de peinarse. Además se les concede la licencia de no quitársela ni para ducharse.

Asegúrese de reír a cada sandez que el chabacano o verdulera de turno diga en su infinito cacareo, aunque ésta carezca de gracia o sentido para usted. Sin embargo, no deberá permitir bajo ningún concepto que cualquier otra persona consiga atraer más atención que usted. Por ello, tras haber reído la gracia de su colega, debe responder con otra sandez aún más gorda. Siempre debe decir la última palabra, aunque ésta se trate de una interjección o un gruñido falto de sentido dentro del contexto en el que se encuentre.

Continuando con la elaboración de la actitud del auténtico imbécil, criticar es tan importante como el aprender a no aceptar las críticas. El sentimiento de superioridad que adquirirá con el tiempo le impedirá tener una visión clara de usted mismo.
La mirada de desdén es un punto importante a trabajar. Para facilitar el trabajo, un buen entrenamiento mirando excrementos de perro conseguirá hacer de usted y de su cara la viva imagen de la repugnancia hacia cualquier individuo.

Una vez conseguidos todos estos preceptos, ¡enhorabuena! Es usted un auténtico imbécil. Tiene total derecho a ser superficial, vanidoso, pueril y engreído. Así que  insulte, apuñale, descalifique, atropelle y critique a sus borregos y, especialmente, a todos cuantos se pongan en su camino hasta que le sepa la boca a hipocresía.

No se reprima. A fin de cuentas, a nadie le importa lo que puedan pensar los demás.




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