Hoy es víspera de nochebuena. En la calle hace un frío de mil demonios. De mil ratones.
Un frío del carajo, grajo.
No recuerdo si hace un año hacía un frío de mil demonios. Puede que solo la mitad. Puede que sea porque hace un año solo fuese la mitad de demonio que ahora, y ni la mitad de ratón. Yo qué se... A veces uno está tan ocupado intentando echarle la culpa a alguien que pierde la noción del tiempo, y del peso de uno mismo.
Por suerte, el tiempo pasa tan rápido que termina por eliminar culpables e invalidar la capacidad de pensar en nada que no sea la propia supervivencia al tic-tac y de no caer del segundero a abajo. Esto es algo positivo hasta el momento en que te caen a plomo X kg de "Yo" encima, señal de que hay que volver a estancarse. Hay que encontrar un nuevo inocente al que culpabilizar.
¿Cómo? Es la pregunta. De repente estamos aquí, en medio de ninguna parte, aplastados por nuestro propio ego, esperando a que alguien nos levante de encima de nosotros mismos y nos ponga a caminar. ¿Cómo? Estamos esperando, porque creo que en el fondo, no sabemos cómo hacerlo solos. Y los que dicen saber, o mienten, o se mienten.
Sí, mienten. Mienten, porque somos terriblemente vagos -es mejor pensar en que somos vagos a pensar que somos unos completos inútiles- sin excepción. Y para dispensar la culpa, hemos inventado fuerzas superiores que nos alivien la conciencia de nuestro ser perezoso. Porque la mejor manera de disculparse, es culpar a otro.
En este caso, lo dejamos todo al azar, esperando a que sea otro quien nos encuentre y nos levante, pensando que es mejor así, porque, hablando en plata ¿no somos, en verdad unos tremendos inútiles? Y creemos en el Karma, en el destino, en Dios. Es más cómodo pensar que toda actuación está medida por un titiritero que nos lleva y nos trae como le da la gana.
En caso de que esto sea cierto, y exista tal titiritero, el mío es manco, estoy segura. Y apostaría una de las mías a que la única mano de la que dispone es la izquierda.
Por otra parte, prefiero al manco por obligación que al manco por placer. Ya que también otros titiriteros solo disponen de la mano izquierda, pero solamente porque la derecha la tienen ocupada agarrando otras cosas que no son los hilos. Esos dan las vidas más divertidas, pero también las más inestables.
Prefiero al manco. Pero eso no impide que toda la culpa sea suya.
En cualquier caso, creo que debería matarlo, tomar mis hilos y al carajo, grajo.
Cuando sea una asesina, me entregaré y me declararé culpable. Iré a la cárcel, pero seré libre.
Cuando sea una asesina, me entregaré y me declararé culpable. Iré a la cárcel, pero seré libre.
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