28 de diciembre de 2011

In my secret life

Mamá y papá me compraron un revólver. No querían que fuese una de esas chicas que hacen muescas en el cabecero de su cama. 
Tenían miedo de que me astillase al hacerlas ahí. De que no fuese capaz de sacarme después las astillas. Así que decidieron darme un lugar nuevo para marcarlas. Un lugar seguro.
Todas las niñas querían ser Barbie. Mamá decidió que yo quería ser Clint Eastwood.


Desde entonces, llevo el revólver conmigo; aunque duerma sola y con todas las balas intactas. Es más fácil meter un revólver en el bolso que un hombre en tu cama. E infinitamente más seguro, aunque no sepas disparar. Porque, en ambos casos hay algo que arde como la pólvora, y es difícil afirmar qué causa más dolor. El plástico de las Barbies se funde con demasiada facilidad. ¿Os ha contratado ya Mattel?
Yo me evaporo, ebullo, y me abraso... con brasas que, procuro, merezcan la pena. Y no me fundo más que el dinero. Pero si me das un beso, te regalo un revólver. Porque, no soy Barbie, pero tampoco soy Clint. Y me las he ingeniado para astillarme sin casi tocar el cabecero... en mi vida secreta.




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