Volver a casa por Navidad. Nunca comprendí el significado de esa canción hasta hace poco.
Ahora lo que no comprendo demasiado bien es el concepto "volver a casa". Salimos de Guatemala y nos metemos en Guatepeor.
Llega un punto en la vida de un estudiante universitario, estudiante no universitario, o no estudiante pero sí universitario, en el que uno ya no sabe a dónde pertenece. Hay un vacío entre el "de dónde venimos" y el "a dónde vamos". Falta un presente. Un "dónde estamos ahora". Precisamente lo que nos compete a nosotros, que nos hemos estancado en la fase del Carpe Diem desde que nos levantaron el toque de queda los fines de semana.
Es complicado. No se siente uno del destino en el que está asentado durante la etapa lectiva, pero volver a casa durante periodos vacacionales descoloca bastante. ¿Me voy de vacaciones a casa? Las vacaciones son fuera de casa, o eso me comentaban cuando era pequeña. ¿O es que también nos mintieron en eso, como con lo de la cigüeña?
Ahora, que tenemos playa durante el curso y las calles de La Ratonera durante el verano, ¿a qué nos atenemos? Creo que, al menos en mi caso, lo más correcto es pensar que no soy de ningún sitio.
Todo esto me lleva a concluir que soy de autobús. Mi cuerpo y mi alma pertenece al Consorcio de Transportes.
Me dieron las llaves de mi nuevo hogar cuando el ratón pródigo, antes conocido como "Yo", se metamorfoseó y voló del nido el año pasado -con unas alas de Ícaro la hostia de malas, por cierto; pero no importa, en el norte el sol no luce demasiado, o al menos no demasiado fuerte- y ese fue el inicio de una turbulenta amistad.
Después de un año y unos cuantos meses, el traqueteo de las ruedas ha pasado a convertirse en un sonido tan hogareño como el del taladro de los vecinos el domingo por la mañana. Y soy capaz de introducir el descanso de horas, en un sueño de veinte minutos de trayecto. Si los grandes fabricantes de productos de descanso tuviesen iniciativa, verían un nicho de mercado clarísimo de servicios "sestivo-festivos" en versión nómada y posición vertical. Solo es cuestión de una buena campaña de marketing.
Porque si ya comemos y bebemos, dormimos, estudiamos, y con las nuevas tecnologías móviles somos capaces de conocer todo lo que pasa en el mundo exterior desde dentro del autobús... ¿Queda alguna duda?
Si pasamos tanto tiempo dentro de los ellos cumpliendo solamente una parte de nuestras funciones vitales, estoy casi convencida de que si pudiésemos ducharnos y hacer el amor dentro, no necesitaríamos salir a completar nuestras vidas. Ahorraríamos la hostia de dinero en paraguas, abrigos, zapatos... Pero olvidaos de la musculatura de las piernas y el frescor de la brisa en la cara.
Iríamos de vacaciones al mundo exterior.
Pero a pesar de las circunstancias evidentes, de momento, creo que prefiero irme de vacaciones a mi casa. Salir del autobús tan pronto como me sea posible y volver a La Ratonera por Navidad.
Feliz condicional.
No hay comentarios:
Publicar un comentario