Creo firmemente en la capacidad que tienen las piedras para mantenernos en el mundo real. Es necesario llevar un par de ellas en el bolsillo para conservar el cuerpo unido la tierra, por si acaso, mientras vuela la mente, nos entran ganas de volarnos también la cabeza.
Por si acaso. Porque se puede vivir sin mente, pero es imposible vivir sin cabeza.
Acabamos de empezar este año y las piedras se me escapan del bolsillo. Son pequeños Houdinis de una caja de Pandora que huele a cubo de basura. Necesito volver a meterlas ahí. Y encontrar alguna nueva, que poder llevarme puesta para volver a hacer pie.
Tiré lo que no me servía. En especial, todas las páginas que arranqué de mi libro del año pasado. Las que no merecía la pena seguir leyendo. Y ahora que hemos empezado uno nuevo, solo espero que en él haya suficientes capítulos que merezcan ser salvados.
Me gustaría que el tomo de este año no formase parte de una saga. Pero me temo que eso no será imposible. Que arrastraremos todo lo que hemos estado escribiendo hasta el momento. Y mira que antes escribíamos mal...
Por eso creo que este año necesitaré un par de piedras más que meterme en el bolsillo. Pero necesito que alguien me las de en la mano o me las meta ahí directamente. Últimamente ando bastante patosa.
Feliz novela nueva
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